A refundar nuestro país con amor patrio

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por Juan Antonio “Papo” Castillo*

Martes, 7 de Julio de 2015

 

La colonia de Puerto Rico, perfumada con el eufemismo de Estado Libre Asociado, se encuentra en desbarajuste total, en una irreversible crisis producto del corrupto sistema colonial capitalista, que carece del poder político soberano para enfrentar la crisis, que día a día se agudiza sin que los dirigentes de la colonia se encuentran capacitados para siquiera presentar al pueblo una salida salomónica al problema, porque son ellos mismos parte inherente del mismo, con una carga bien pesada de responsabilidad de la crisis persistente. Son ellos, en el fondo, los que han sido beneficiados, como intermediarios del sistema opresor colonial capitalista, que nos han llevado a la situacion actual.

Lo mejor de los dos mundos (Estados Unidos y Puerto Rico) resulta ser pura retórica eufemística que se estrella contra la tétrica realidad de nuestra patria. Los intermediarios mercaderes del patrimonio de nuestro pueblo trabajador, ya no pueden seguir salvando las apariencias con sutilezas retoricas demagógicas. La realidad se impone sobre la fantasía politiquera.

Aquellos, que alguna vez, encumbrados en una aureola de promesas demagógicas, el pueblo los eligió a posiciones políticas para representar sus intereses colectivos, lo que hicieron fue prometer lo que no habrían de cumplir y hacer lo que no prometieron: aliarse con los grandes intereses corporativos para exprimir del pueblo su última gota de esfuerzo bien trabajado. Como buenos mercaderes del patrimonio nacional, han medrado sus finanzas y en muchos casos enriquecido como intermediarios colonialistas del capital absentista.

Ante la gravedad de la crisis abrumadora que vive nuestro pueblo, los seudópodos dirigentes se encuentran incapaces de ofrecer soluciones al problema que se les ha ido de las manos; han vendido sus almas a los demonios de Wall Street y nuestra patria pedazo a pedazo al mejor postor. Ahora, el diablo viene por las almas.

Uno de estos demonios, el flamante candidato presidencial por el Partido Republicano de Estados Unidos, Donald Trump, ha comprado casi todas las tierras del corredor del este en Puerto Rico, para el desarrollo de complejos de viviendas de lujo a ser vendidas a extranjeros millonarios. Tal parece que existiera una estrategia para convertir a Puerto Rico, en el “Mónaco del Caribe” y a los puertorriqueños en los parias al servicio de los millonarios vacacionistas norteamericanos y de otros países dentro de su órbita de influencias. Pero, esto es solo un ejemplo. Hay mucho más tela para cortar sobre este tema, aunque no es ese el propósito de este escrito.

Mientras tanto, la mayoría de los líderes políticos se muestran con las manos atadas, impotentes, desorientados, ambivalentes –y porque no decirlo- acobardados, para enfrentarse con virilidad, firmeza y determinación, a los que conducen los hilos de la política entreguista desde sus “castillos de marfil”. Política que los enriquece a ellos, pero que a nuestro pueblo lo conduce al patíbulo de su propia existencia como nación.

Más de la mitad del pueblo boricua se ha visto forzado a emigrar en busca de mejores condiciones de vida. Muchos han perdido sus propiedades por falta de trabajo y otros sus estudios universitarios. El sistema de “lo mejor de dos mundos”, es decir, la colonia, no da para más. Con dolor en el alma, muchos han salido huyendo de lo que una vez fue su paraíso terrenal, la isla del encanto, hoy convertida en la isla del espanto, donde la mitad de la población vive bajo los niveles de pobreza. Y, para acabar de joder más la cosa, con una deuda publica impagable, con los bonistas de Wall Street, la cual asciende a más de setenta mil millones de dólares. Deuda que seguirá creciendo sobre la base de sus intereses sobre el capital primario y que resulta ser impagable aparte de ser inmoral.

Esto quiere decir, que las futuras generaciones- nuestros hijos y nietos y los hijos de nuestros nietos- se verán obligados a pagar lo que otros se robaron y mal gastaron para sostener artificialmente con vida la colonia; persiguiendo el beneficio personal y no el del pueblo.

Esa clase parasitaria que ha vivido de las vicisitudes del pueblo trabajador, y que no tiene solvencia moral alguna, lo que ha hecho es llevarnos al borde del abismo, donde nos enfrentamos al dilema de saltar al mismo y suicidarnos como ente colectivo, o pararnos en firme y luchar con valor, tesón y determinación para salvarnos dignamente como nación. Un pueblo cobarde no podrá sobrevivir, en situacion similar a la nuestra, por virtud y merced del opresor: los corporacionistas representados por Wall Street. Solo el pueblo salva al pueblo.

Es hora de izar las banderas de la reivindicación nacional, de promulgar y trabajar para la unidad estratégica; es hora de superar las mezquindades megalómanas; de superar la mediocridad del tribalismo político que tanto daño nos hace y favorece a nuestros enemigos de clase; es hora de educar, hora del desprendimiento espiritual; es hora del estoicismo patriótico, hora de echar a un lado nuestras expectativas chiquitas y de poner por delante los intereses de la patria en pro de nuestra propia sobrevivencia como nación.

La patria esta postergada, enferma mortalmente, y en asecho los buitres de Wall Street. Somos sus hijos, los que la amamos, los que la afirmamos, los dispuestos a reivindicarla, los llamados a rescatarla del lecho de muerte.

El momento ha llegado para cerrar filas en defensa de nuestra nación. Es la hora de los hornos. Al carajo la colonia. Marchemos unidos con amor hacia la unidad estratégica, codo con codo, para refundar la patria nueva. Consideremos un congreso pro constituyente y marchemos al rescate de nuestra Nación, reivindicando nuestra soberanía. ¡Liberación o muerte! No hay más na’, pa’lante y venceremos.

*Coordinador General de la Coordinadora de Solidaridad Diáspora Boricua

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