Bruni, queridísima compañera

Bruni, queridísima compañera.

El 31 de agosto de 2011, cuando muchos creíamos que te ibas, escribí el siguiente texto y lo acompañé con un poema dedicado a ti que publiqué en mi Séptimo Ideario, Del Cimarrón a Los Macheteros.

He estado recibiendo mensajes de compañeros y compañeras solicitando donantes de sangre para nuestra hermanísima compañera Brunilda García. A través de su vida ella ha donado mucha sangre a nuestros corazones con su amor y su arte. Nunca se ha cansado de amar a su Patria, a su Pueblo y a sus compañeros y compañeras de lucha. En una ocasión en que parecía que la íbamos a perder físicamente le escribí un poemita que hoy les envío a todos los que sentimos y pensamos como ella.

Espero que sigas con nosotros, Brunilda, pues ocupas un lugar muy especial entre aquellos que como tú amamos la Patria y sentimos orgullo en nuestra puertorriqueñidad. Brunilda, nunca escuché nuestro himno nacional “La Borinqueña” entonado con tanto amor y tanto brío como lo entonaste tú ante el féretro de nuestro mártir Ángel Rodríguez Cristóbal.

Brunilda

Cuentan que Brazo de Oro

reencarnó en el Siglo XX

en una mujer ardiente

que alumbraba con sus ojos.

En una mujer boricua

que sí caminaba sola

con alma de cimarrona

y un amor que no claudica.

Reencarnó en el corazón

de una mujer valiente

que siempre dice presente

cuando hace falta el amor.

Reencarnó en una mujer

que camina junto a Hostos

y en los caminos angostos,

caminó con Corretjer.

Aunque nos dijo un coquí

que con o sin reencarnación,

cultivó en su corazón

para la patria un jardín.

Reencarnó Brazo de Oro

en ti, Brunilda García,

reencarnó en tu poesía,

como en tu amor por nosotros.

Publicado en: Cancel Miranda, Rafael. Del cimarrón a Los Macheteros. San Juan: Edición Privada, 2008.

Anoche, 6 años más tarde, mientras regresaba con mi esposa de una actividad en Vega Baja para conmemorar el 63 aniversario del Ataque al Congreso el 1 de marzo de 1954, nos llega la noticia de que habías muerto. Pero, por fortuna resultó ser una falsa alarma. Estabas en sala de intensivo, pero vivita. Habiendo creído la primera noticia, me puse a escribirte otro poema. Espero poder escribirte muchos más.

¡Siempre vivirás!

Brunilda García,

adiós, compañera,

nos diste tu vida,

fuiste un poema.

Un poema de amor,

de lágrimas patria,

donde el corazón

fue tu mejor arma.

Estoy sonriendo

pues supiste vencer,

fuiste un ejemplo

de un amor sin cuartel.

Gracias, compañera,

por amarnos tanto,

por ser primavera

de verdores patrios.

Te nos fuiste un

primero de marzo,

y seguro estoy

que celebrándolo.

Pero sigues viva, Bruni, pues la muerte no ha podido contigo, como tampoco ha podido el imperio.

Tu hermano de siempre,

Rafa

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