Después de ataques terroristas, la cooperación con Rusia es aún más urgente

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Por Helga Zepp-LaRouche

La autora es presidente del partido político alemán Movimiento Solidaridad por los Derechos Civiles (BueSo).

23 de julio (LaRouchePAC) – Mientras que Francia ha sido golpeada por cinco horrendos ataques terroristas desde el inicio de 2015, y se han producido ataques brutales en el mismo período de tiempo en más de 30 países (a menudo más de una vez) en Europa, Asia, Estados Unidos, y África, la realidad de la amenaza terrorista ahora se ha experimentado directamente en Alemania, con los ataques en Wurzburgo y Munich,[1] cualquiera que sea a fin de cuenta la biografía o descripción de los autores (sean islamistas políticos o asesinos solitarios “auto-radicalizados”). Sin lugar a dudas, el problema del terrorismo internacional es una de las principales amenazas para la humanidad en su conjunto.

En una situación en la que se está precipitando toda una serie de crisis –el creciente peligro de guerra en Europa, el suroeste de Asia y el Pacífico; un intento de golpe y la posterior consolidación del poder del Estado en Turquía, un Estado de la OTAN; el Brexit y la erosión de la Unión Europea; y una nueva crisis financiera inminente; por citar sólo unos ejemplos— debería ser obvio que sólo podemos resolverlas si descartamos los viejos modos de pensar y los enconos geopolíticos, y si los Estados más importantes trabajan juntos a nivel internacional.

El parlamentario Hans-Peter Uhl, de la USC, tenía razón, tras la noche de horror en Munich, al exigir mejores medidas de prevención y una mayor cooperación entre las autoridades competentes, tanto a nivel nacional como internacional. Pero, dada la historia y el modo de funcionamiento internacional del Islam radical, esto obviamente implica la cooperación con Rusia, la víctima que tiene más experiencia sobre las redes en Chechenia y sus vínculos con el Sector Derecha en Ucrania y con el ISIS, y que ha demostrado, con su intervención militar en Siria, que es el único país que ha hecho retroceder con éxito el poder de ISIS.

Así que es urgente aceptar la oferta del Presidente Vladimir Putin hecha en su discurso ante la Asamblea General de la ONU en septiembre de 2015. Después de señalar las fatales consecuencias de la política de Occidente de entrenar a rebeldes presuntamente “moderados” para combatir a gobiernos laicos en Medio Oriente, que después desertaron en masa para sumarse al ISIS, Putin subrayó:

En estas circunstancias, es hipócrita e irresponsable hacer declaraciones sobre la amenaza del terrorismo, y a la vez hacerse de la vista gorda sobre los canales utilizados para financiar y apoyar a terroristas, incluyendo ingresos del tráfico de drogas, el contrabando de petróleo, y el tráfico de armas.

Es igualmente irresponsable manipular a grupos extremistas y utilizarlos para lograr objetivos políticos propios, con la esperanza de poder encontrar más adelante una forma de deshacerse de ellos o de eliminarlos de algún modo.

Lo que de hecho proponemos es guiarnos por los valores e intereses comunes y no por ambiciones. Sobre la base del derecho internacional, debemos unir esfuerzos para abordar el problema que todos estamos enfrentando, y crear una coalición internacional genuinamente amplia contra el terrorismo. De manera similar a la coalición contra Hitler, se podría unir a una amplia gama de partes dispuestas a permanecer firmes contra quienes, tal como los nazis, siembran el mal y el odio a la humanidad. Y, por supuesto, las naciones musulmanas deben desempeñar un papel clave en tal coalición, ya que el Estado Islámico no sólo les plantea una amenaza directa, sino también empaña con sus atrocidades a una de las mayores religiones del mundo. Los ideólogos de estos extremistas se burlan del Islam y subvierten sus verdaderos valores humanistas. [Tomado de la traducción del Kremlin al inglés]

Sobre todo desde la reciente publicación del informe de la Comisión Chilcot en Gran Bretaña –que destaca cómo Tony Blair orquestó la guerra de agresión contra Irak a partir de mentiras conscientes— y la revelación de las 28 páginas suprimidas de la investigación oficial de la Comisión Conjunta del Congreso sobre el 11-S, no queda ninguna duda sobre el papel de Arabia Saudita en el financiamiento del terrorismo, y una política de “más de lo mismo” equivale a complicidad en cualesquier nuevos ataques terroristas.

Las autoridades alemanas ya no pueden esconderse detrás de los sofismas sociológicos habituales. La credibilidad del Sr. Uhl y del ministro del Interior Thomas de Maziere, de los miembros del comité de asuntos internos del Bundestag, y por supuesto de la canciller Merkel, dependerá de si inician una investigación oficial para esclarecer lo más pronto posible las consecuencias de estos dos documentos, el informe Chilcot y las 28 páginas, y sacar las conclusiones de ellos. Es inaceptable, bajo cualesquier circunstancias, utilizar los ataques en Wurzburgo y Munich como excusa para construir un Estado policial, como está haciendo el Presidente turco Erdogan, y cooperar con, precisamente, esos gobiernos que han sido expuestos e involucrados por el informe Chilcot y las 28 páginas.

La próxima crisis financiera: Italia

También se necesita con urgencia un cambio dramático en la política con respecto a otra crisis existencial, la financiera. En todas partes se dice que Italia es la nueva Grecia. Pero, a diferencia de Grecia, que representa apenas el dos por ciento del PIB de la Unión Europea, Italia es el cuarto país más industrial de Europa. Sin embargo, la Comisión Europea, el Banco Central Europeo (BCE), y el Ministerio de Finanzas alemán, están llevando a cabo la misma política brutal e incompetente que ya ha arruinado a Grecia y corroído a la Unión Europea (UE). El PIB de Italia se ha reducido en alrededor de 25 por ciento como resultado de la política de austeridad asesina de la UE desde la crisis financiera de 2008, que tiene terribles consecuencias en el sistema de salud y pensiones, el aumento del desempleo, el cierre de muchas empresas pequeñas y medianas, y un dramático aumento en los suicidios. Un resultado de esta contracción de la economía real en alrededor de una cuarta parte es que los bancos italianos están ahora sentados en 360 mil millones de euros de cartera vencida.

La medicina que el presidente del BCE Mario Draghi, el presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker, el Bundesbank, y el ministro de Finanzas alemán Wolfgang Schaueble, tienen la intención de aplicar al “enfermo de Europa” es venenosa. Todos concuerdan, con diferencias mínimas, que los ahorristas e inversionistas italianos deben pagar por el rescate de los bancos enfermos, como prescriben las leyes de rescate interno de la UE, aceptando así el modelo de Chipre, si los resultados de la prueba de estrés para los bancos italianos, que se hará pública a fines de julio muestran, como se espera, que están descapitalizados.

En ese caso, se expropiaría el dinero de los ahorristas e inversionistas italianos y en consecuencia el primer ministro Mateo Renzi sería amenazado con una revuelta. Lo más probable es que perdería el próximo referéndum para la reforma constitucional en octubre, y las elecciones posteriores. Entonces, el Movimiento Cinco Estrellas pondría en marcha la salida de Italia del euro y de la Unión Europea.

Aunque varios medios, entre ellos Die Welt, describen a Italia como un “Estado fallido”, y lo ubican para todos los efectos en la misma categoría que Somalia o Irak, la llamada dirección política de la UE no está haciendo nada, absolutamente nada, para remediar la crisis. Lo que estos desalmados burócratas de la UE (como Juncker, Draghi, y otros políticos y banqueros que han hecho sus carreras pasando varias veces por la puerta giratoria entre la política y las grandes casas bancarias) no han tenido en cuenta ni por un momento, es que sus políticas de apoyo a la economía de casino están arruinando naciones enteras, la vida y la fortuna de muchos millones de personas.

La solución

Hay una solución: El Bueso está trabajando con muchos colaboradores en Europa y Estados Unidos en una campaña para evitar el riesgo de insolvencia del Deutsche Bank mediante un regreso a la filosofía bancaria que subyacía a la política del asesinado Alfred Herrhausen, ex presidente del banco.[2] Esta campaña ha despertado mucha atención en el sector financiero, ya que todo el mundo sabe que el sistema financiero transatlántico está irremediablemente quebrado. En este contexto, el informe de que el Deutsche Bank se está preparando para una separación interna de sus secciones de negocios y de inversión, es importante.

El hecho de que la demanda de un retorno a la ley Glass-Steagall de separación de la banca se haya incorporado en los programas de los partidos Demócrata y Republicano –resultado de muchos años de campaña realizada por el Comité de Acción Política LaRouche– ha tenido hasta ahora dos resultados interesantes: Wall Street ha puesto el grito en el cielo, pues teme a la Glass-Steagall más que el diablo al agua bendita; y ha desacreditado a todos los que constantemente alegaban que no se podía hacer.

En estos días turbulentos existe a la mano una medida sencilla, que a cualquiera le permitirá ver si los líderes políticos defienden el bienestar general del pueblo al que se supone representan, o si son lobistas de otros intereses.

Esta medida es su disposición a adoptar las soluciones existentes, es decir, aceptar la oferta de Putin, y regresar a una política económica basada en el servicio al bienestar general. A los políticos que no estén a la altura se les debe despedir exactamente por esa razón.

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