El otro Juan TH

oceanoabundancia
por: Miguel Espallat Grullon
Los que no escriben artículos para los periódicos, no se imaginan todo el sufrimiento que ese quehacer puede ocasionar a quienes lo hacen.   Por lo general, esos artículos están sujetos a escribirse dentro de un tiempo determinado, cuando una situación está en plena ebullición, pues si se deja pasar ese tiempo, el artículo pierde vigencia y por ende interés para los lectores, y se da el caso, que los periódicos no suelen estar publicando noticias o artículos, que no sean las del momento y que no generen interés inmediato.
Debido a esas características, los articulistas trabajamos bajo la presión del tiempo, lo  que genera, que el tema tratado, se vea afectado por esta presión, y por pasiones o pensamientos no depurados o no  procesados debidamente por el cerebro, por lo que muchas veces, lo que publicamos, tiene juicios, formas expresivas o posiciones equivocadas, que analizadas, cuando hayan  pasados unos  días y consecuentemente disminuido el fuego de la euforia, podremos descubrir excesos y yerros cometidos, que producen una enorme desazón espiritual,  sufrimientos enormes, insomnios y como un arrepentimiento lacerante que se pudieron evitar, si hubiésemos sopesado mejor el material a publicar.
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Estas ocurrencias, muchas veces quedan soslayadas, porque el lector o los afectados por lo escrito, no son dados al juicio condenatorio extremista para con un columnista, al entender, que el mismo, trabaja bajo las presiones aludidas, y porque además, admite que la sensibilidad del escritor, lo lleva a ser emotivo e impulsivo, características esta, de la cual, no escapa Juan Taveras Hernández (Juan TH). Observe el lector, que no estoy generalizando, sino, refiriéndome a unos cuantos periodistas que caen en esta categoría, al contrario de los cientos que hay en nuestros medios que están al servicio de tal o cual partido o político para hacer un trabajo sucio, que dicho sea de paso, no es el caso de nuestro Juan TH (al menos, eso pienso).
¿A qué viene todo el preámbulo anterior?, se estarán preguntando los lectores. Pues bien…cuando leí el artículo del comunicador Juan TH, titulado, “El que calla otorga”, quedé estupefacto.  No podía creer lo que leía.  Entonces medité, que él había escrito ese artículo, bajo las presiones y crudas emociones, de las que expuse más arriba, y como yo conozco de las “metidas de patas” en la que uno es capaz de incurrir bajo esas presiones, lo exculpé y no le hice mucho caso.
En ese artículo nos dice Juan TH: “No tengo dudas de que la Convención del Partido Revolucionario Moderno se montó rápidamente a sabiendas de que no había condiciones porque favorecería al hoy candidato presidencial Luís Abinader”.
Este párrafo, no resiste un análisis lógico. Su contradicción se hace evidente, al señalar, que el momento de la elección favorecía al candidato Luis Abinader, lo sugiere, que entonces, la convención debía esperar un momento, que favoreciera a su candidato.  ¿Cuándo sería eso?  ¿Tiene lógica este  argumento?
En otro parrado, Juan apunta: “El propósito, digo yo, era evitar una votación masiva que terminara favoreciendo al ex presidente Hipólito Mejía, quien siempre confió en la “buena fe” de los organizadores de la contienda electoral”, o sea, según Juan TH, una votación masiva favorecía a Mejía, por lo que se entiende que una votación no masiva favorecía a Luis Abinader… ¿tiene lógica este criterio?
En los párrafos siguientes, Juan nos habla de distorsión del padrón, de compra de cedulas, del tollo y fraude de esa convención.  En todos los párrafos del artículo de este Juan TH, que quería convención, la contradicción se hace más que evidente, cuando ahora no quiere convención, sino cuando él lo crea conveniente a sus propósitos.
Bien…como expuse anteriormente, muchas veces dejamos pasar por alto ciertos exabruptos y ciertos análisis desfasados o incongruentes de un articulista sobre un hecho, porque se lo atribuimos a las presiones de tiempo y a las pasiones no depuradas aludidas, pero eso consideraciones tienen un límite.  Para Juan TH, de mi parte, esas consideraciones llegaron a su límite, cuando de nuevo volvió sobre el mismo tema, pero en forma más agria, incoherente y errática con su artículo “Convención, ¿Cual convención?”
De nuevo, Juan plantea un fraude fríamente calculado por parte de la gente de Luis Abinader, para impedir que Hipólito ganara la convención, al efecto, da detalles, de cómo según él, se hizo ese fraude. Cito sus palabras al respecto:
La compra de cédulas fue masiva y públicamente en todo el territorio nacional con la participación de importantes dirigentes, algunos al más alto nivel del Partido Revolucionario Moderno. ¡Qué vergüenza! ¡Qué asco!
No hubo un municipio, un barrio, una provincia, donde no se produjeran metódicamente todos esos hechos, lamentables, deprimentes, vergonzosos, aberrantes, penosos, vulgares, que hablan de un partido que de revolucionario y de moderno no tiene nada; es el mismo PRD, pero peor.
Sigo citando a Juan TH
Nunca antes, en la historia de las primarias del país, de todos los partidos, incluyendo el Reformista, peledeísta y perredeísta, se había realizado una “convención” tan viciada, corrompida, abiertamente parcializada, y violenta aunque no se produjeran sillazos, trompadas, tiros, heridos ni muertos.
La “Convención” fue una masacre, un verdadero matadero electoral, donde las buenas costumbres, la ética y la moral se lanzaron por la borda al estercolero más sucio que podamos imaginar.
Hipólito, pobre ingenuo, creyó en la buena fe, en la honestidad, la dignidad y el decoro de los dirigentes del PRM y de los integrantes de la Comisión Organizadora de la “Convención” sin imaginar siquiera la existencia de un plan para avasallarlo y reducirlo a nada hasta en Gurabo, donde nació, para enterrarlo políticamente para siempre, (termina la cita).
Entonces, ¿quiere decir, que Doña Milagros, esa montaña de mujer, esa suma de honorabilidad, lo mismo que los demás integrantes de la “Comisión Organizadora de la Convención Nacional”, se han prestado, según Juan TH, para esa vagabundería?   Es penoso que Juan haya incurrido en este irrespeto…en ese desatino.
La verdad, que es penoso que Juan haya escrito todo esas barbaridades, porque el queriendo dañar a otros y un proceso convencional, no se ha dado cuenta, todo el daño que se ha hecho a sí mismo.  Nada justifica este tipo de análisis parcializado y dañino; su contenido no le hace bien a él, ni a Mejía, ni al PRM, ni al país, pero si favorece a los adversarios, y la misma, mueve a suspicacia, porque uno puede pensar, que puede ser un infiltrado o una quinta columna del enemigo.
Juan TH sabía de antemano, que Luis Abinader era imbatible en esta convención, y lo sabía, porque todos los números de las encuestas estaban a su alcance; además, el bien conocía y conoce de otros factores que no favorecían al compañero Mejía.
Para no caer en esta situación, se debe comprender, que la nominación presidencial por un Partido político, no se trata de elegir al que es mi amigo o mi protector, más bien esta se trata, de nominar a la persona con la cual podamos ganar unas elecciones porque el país haya asimilado, que con ese candidato se pueda llevar a cabo un proyecto de nación.
Entiendo, que para Juan TH fue un duro golpe que su entrañable amigo, el compañero Hipólito perdiera la convención pasada del PRM, y que su alma y mente fuesen rudamente golpeados por todo lo que significa esa pérdida para su presente inmediato y futuro, pues sabemos, que Mejía ha sido un verdadero padre para él, que le ha dado amparo en esta sociedad nuestra, donde, quien no tiene un protector, puede pasar hasta hambre y toda clase de penurias; pero los hombres tienen que saber controlar sus emociones y  hasta saber guardar las apariencias, y alguna vez, hasta sacrificarse por su país,  ya que todos estamos viendo, como se está perdiendo nuestra patria, precisamente, porque en mayoría, los dominicanos, egoístamente hemos soslayado, lo que más conviene a la colectividad, para buscar nuestro beneficio particular, sin que la suerte de los demás, nos importe un bledo.
Espero que mi deliberación de hoy, contribuya, a que un hombre valioso como Juan TH, reflexione sobre sus últimos pasos.  Todo hombre, se merece una y más oportunidades.  Siempre hay espacio para rectificar, en los que usan la inteligencia y el sentido común.  Es lo que espero de Juan TH; pero, renovado…despojado del miedo al desamparo y de viejos ropajes ideológicos y conceptuales.  El PRM y el país, necesitan del otro Juan TH, que en latencia, sabemos que existe.
No queremos que este nuevo Partido sea una maquinaria de discordia y destructora de hombres, al contrario, queremos que sea un nicho de esperanzas y oportunidades, para los hombres y mujeres dispuestos a trabajar por un mejor país, para todos.
http://elnacional.com.do/el-que-calla-otorga/
El Autor es  escritor. Reside en Nueva York.

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