Fanon detecta las muchas mañas de los intelectuales colonizados y su compromiso político

GRA377. MADRID, 29/03/2016.- El expresidente de Colombia, Andrés Pastrana, el expresidente de Chile, Sebastián Piñera, el director de la Fundación Internacional para la Libertad, Gerardo Bongiovanni, el expresidente de Colombia, Álvaro Uribe y el expresidente de Uruguay, Luis Alberto Lacalle (i-d) durante el seminario organizado con motivo del 80 cumpleaños del escritor Mario Vargas Llosa, 'Vargas Llosa: cultura, ideas y libertad', que reúne a expresidentes iberoamericanos, intelectuales, pensadores y escritores para reflexionar sobre el futuro de América Latina, en la Casa de América de Madrid. EFE/Kiko Huesca

por Alberto Barreto Cardona

July 11, 2016


Esteban Ticona Alejo1 (Extracto)

….. La inserción del intelectual colonizado en la marea popular va a demorarse por la existencia en él de un curioso culto por el detalle. No es que el pueblo sea rebelde, si se le analiza. Le gusta que le expliquen, le gusta comprender las articulaciones de un razonamiento, le gusta ver hacia dónde va. Pero el intelectual colonizado, al principio de su cohabitación con el pueblo, da mayor importancia al detalle y llega a olvidar la derrota del colonialismo, el objeto mismo de la lucha. Arrastrado en el movimiento multiforme de la lucha, tiene tendencia a fijarse en tareas locales, realizadas con ardor, pero casi siempre demasiado solemnizadas. No ve siempre la totalidad. Introduce la noción de disciplinas, especialidades, campos, en esa terrible máquina de mezclar y triturar que es una revolución popular. Dedicado a puntos precisos del frente, suele perder de vista la unidad del movimiento y, en caso de fracaso local, se deja llevar por la duda, la decepción. El pueblo, al contrario, adopta desde el principio posiciones globales. La tierra y el pan: ¿qué hacer para obtener la tierra y el pan? Y ese aspecto preciso, aparentemente limitado, restringido del pueblo es, en definitiva, el modelo operatorio más enriquecedor y más eficaz” (Fanon, 1973: 43-44).
Fanon detecta las muchas mañas de los intelectuales colonizados, sobre todo destaca a los manumisos o sumisos, frente a un pueblo que busca cambios profundos en procesos de revolución. Aquí nuevamente detecta el aferramiento del intelectual como individuo frente al pueblo, que busca no simples parches, sino ocupar el puesto de los colonizadores.

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El intelectual colonizado ha invertido su agresividad en su voluntad apenas velada de asimilarse al mundo colonial. Ha puesto su agresividad al servicio de sus propios intereses, de sus intereses de individuo; así surge fácilmente una especie de esclavos manumisos: lo que reclama el intelectual es la posibilidad de multiplicar los manumisos, la posibilidad de organizar una auténtica clase de manumisos. Las masas, por el contrario, no pretenden el aumento de las oportunidades de éxito de los individuos. Lo que exigen no es el status del colono, sino el lugar del colono. Los colonizados, en su inmensa mayoría, quieren la finca del colono. No se trata de entrar en competencia con él. Quieren su lugar (Fanon, 1973: 53-54).

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