Independentistas Borincanos: ni fracasados ni vencidos

Tribuna Invitada

por Luis Toro Goyco

lunes, 4 de diciembre de 2017

Independentistas Borincanos: ni fracasados ni vencidos

Para evaluar justamente el efecto de la participación de los independentistas en el forcejeo del pueblo puertorriqueño por librarse de los yugos coloniales que lo han sojuzgado por más de cinco siglos es preciso hacer un recuento histórico de la misma.

A fines del siglo XVIII y comienzos del XIX comenzaron a notarse en nuestra isla los signos de una nueva nación, fruto de la fusión de las etnias y culturas española, taína y de algunas tribus africanas. Esa nación cuajó en la segunda parte del siglo XIX y el 23 de septiembre de 1868, machete en mano, reclamó su puesto entre las naciones libres del mundo, en lo que se ha conocido como El Grito de Lares.

Aunque numéricamente pequeña, para subsistir le ha tocado enfrentarse a dos de los imperios más poderosos que ha conocido la humanidad durante los últimos 500 años. La lucha ha sido más desigual que la de David contra Goliat. Pero aquí está en pie de lucha.

El movimiento que protagonizó El Grito de Lares fue una convergencia de fuerzas compuesta por un sector negro, sujeto a la esclavitud, otro sector blanco compuesto por jornaleros, sujeto a la semi esclavitud del régimen de la libreta y un sector hacendado o burguesía agraria en ciernes. Pero la dirección del proceso revolucionario recayó principalmente sobre el independentismo. El programa de reivindicaciones del movimiento revolucionario reclamaba, además de la independencia para Puerto Rico, la abolición de la esclavitud y del régimen de la libreta y el reconocimiento de los derechos de expresión, asociación e imprenta, entre otros. En 1868 el ejército revolucionario fue derrotado y el independentismo proscrito, pero poco después el imperio español no tuvo que más remedio que concederle a los puertorriqueños las reivindicaciones contenidas en dicho programa, a excepción de la independencia, para calmar las ansias de libertad de nuestro pueblo.

A partir de El Grito de Lares, el independentismo que no fue asesinado o encarcelado tuvo que operar desde el destierro, el exilio, el clandestinaje o desde las filas del autonomismo. Esa era su situación cuando el ejército de los Estados Unidos invadió a Puerto Rico. Bajo del Nuevo soberano, la independencia no apareció en el programa de los partidos electorales hasta 1904 que el Partido Unión Puertorriqueña la incorporó al suyo.

Tras la invasión el imperio estadounidense desató una agresiva campaña de transculturación y asimilación del pueblo boricua imponiendo la enseñanza obligatoria del inglés en las escuelas públicas del país y distribuyendo su territorio entre un grupo de denominaciones religiosas protestantes. La defensa de la fe católica y del español como signos representativos de la puertorriqueñidad fueron las armas que empuñó el pueblo puertorriqueño para la defensa de su identidad y cultura y a la vanguardia de ese ejercito marchó el independentismo, hasta que en la década de 1940 delsiglo pasado el español se impuso como el idioma de enseñanza en las escuelas públicas del país y las denominaciones religiosa protestantes fueron asimiladas por el puertorriqueñismo.

A fines de los años 40 y comienzos de los 50 del pasado siglo, Estados Unidos forzó a nuestro pueblo mediante treta y engaño a que prestara su consentimiento al coloniaje. Pero el Partido Nacionalista llevó su denuncia armada corazón del imperio, y cuando el ultraje trató de legitimarse ante los ojos del mundo, el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) tronó con la denuncia del fraude ante el organismo mundial y el Partido Nacionalista reiteró su denuncia armada ante el presidente imperial. A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, el independentismo no descansó en su denuncia en todos los foros a su alcance hasta que el pasado año el Tribunal Supremo de Estados Unidos aceptó el engaño.

Durante ese periodo, el pueblo puertorriqueño se propuso desmilitarizar el campus de su universidad y su territorio nacional. La primera de esas tareas fue gallarda y victoriosamente encabezada por varias organizaciones estudiantiles independentistas hasta que el ROTC tuvo  que abandonar el campus. La segunda fue protagonizada por una amplia gama de organizaciones independentistas que culminó con la salida de Vieques de la Marina de Guerra de los Estados Unidos y el cierre de la base Roosevelt Roads en Ceiba.

A todo lo largo de la segunda parte del siglo pasado y el comienzo del presente siglo, el independentismo ha mantenido la llama de la lucha por la soberanía de diversas maneras, tanto en el archipiélago como internacionalmente y en el seno del imperio. Ello ha contribuido a que las fuerzas que promueven la soberanía boricua, independentistas y libre asociacionistas, sobrepasen el medio millón de electores, poco menos que los favorecen la estadidad, a pesar de la terrible ola represiva que ha tenido que afrontar.

Es cierto que el independentismo no ha logrado conquistar la independencia, pero ha sido figura prominente en las luchas del pueblo boricua en defensa de su idioma, su cultura, su identidad nacional y su presencia internacional, que son atributos de la soberanía, que hoy se mantiene activo y desempeña un papel prominente en todas las luchas que mantiene nuestro pueblo en defensa de sus intereses. También es cierto que en esos procesos los independentistas hemos cometido errores, que debemos evaluar severamente nuestra participación en los mismos, que debemos hacer auto crítica y enmendar esos errores, que debemos aliarnos a los libre asociacionistas en igualdad de condiciones y respeto mutuo para construir un nuevo movimiento inclusivo y democrático que se eleve desde la base para la conquista de la soberanía.

Sin embargo, los hechos antes expuestos nos obligan a concluir que el independentismo ni ha fracasado ni está vencido. Al contrario, los éxitos alcanzados en esas luchas así como sus recursos actuales demuestran que su actuación ha sido valiente, digna, y decorosa tal y como  se refleja en los rostros vivientes de Rafael Cancel Miranda, Oscar López Rivera y don Heriberto Marín y en el recuerdo de miles de héroes y mártires. Además, su vigencia es innegable y continuará siendo pieza esencial en la lucha por la soberanía.

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