Venezuela: La pelea es peleando

La pelea es contra el capital y sus representantes, llámense como se llamen.

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Por Jesús Ernesto Parra

Para el segmento de votantes opositores o abstencionistas que comulgan con el espejismo publicitario del país del diálogo, donde Capriles Radonski y Ramos Allup repartirán panes y peces a los pobres del país a ritmo de Chino y Nacho, lo que pasó en la Cumbre del Mercosur despeja cualquier duda de lo que se avecina para el continente y además despertará del sueño a más de uno de los que pensaron que volviendo los adecos al poder, en Venezuela se viviría mejor.

Y contra todo pronóstico, esta aclaratoria atronadora vino de un miembro del gabinete bolivariano, reciente víctima del voto castigo. Fue la canciller Delcy Rodríguez la que apuntó directo al rostro del adversario y definió no sólo sus intenciones, sino también su verdadera cara política.

Porque no era Mauricio Macri –reciente electo presidente argentino, fotogénico protagonista de spots de televisión, flamante propietario de clubes de fútbol– quien abrió su debate para el Mercosur exigiendo la liberación de Leopoldo López: fue el representante continental del capital restaurado, ahora por las urnas, quien lanzó la amenaza contra Venezuela. De tal importancia fueron estas declaraciones, que aún viniéndose abajo el viejo bipartidismo español en las recientes elecciones parlamentarias, el diario El País de España prefirió titular su versión digital con los bramidos de patotero del argentino.

La retórica de bravucón de Macri recuerda al recientemente censurado –para que no siguiera develando el plan– Henry Ramos Allup. Y tiene total compaginación con la articulación de las ONGs, puntales de la penetración de las agencias internacionales lideradas por Torrealba & Co. La guerra mediática no ha cesado, viene por su segundo round. El adversario sin máscara.

Ya la primera fase del plan de esa modalidad de desestabilización, a partir de medios masivos y redes sociales, tuvo éxito. Nos han hecho vulnerables a las amenazas, a desconfiar de los otros chavistas, le han quitado, para inmensos sectores, la legitimidad a varios voceros del Estado, lograron transferir las culpas del acaparamiento y especulación a la acción presidencial, neutralizaron gran parte de la acción de Gobierno al hacerla reactiva –y a veces adicta– a la llamada gestión de micrófono, y magnificaron errores tácticos o casos aislados de corrupción hasta convertirlos en puntos de honor para el debate nacional. Incluso, lograron que grandes decisores del mismo proceso chavista dudaran que en Venezuela existiera esa modalidad de confrontación.

Todos estos modelos fueron exitosamente comprobados en los años ochenta en nuestros países, y ahora siguen delante de la mano de los Macri, López, Capriles, Santos y Humala de turno con un segundo y frontal round: restablecer las condiciones arbitrarias de injusticia impuestas por el capital en nuestros países a toda costa, y desde ya comenzar la arremetida final contra el proceso bolivariano adelantando no solo –lo que oportunamente señaló nuestro estudio desde 2012– un expediente por narcotráfico contra funcionarios claves de la Revolución, así como la declaración de nuestro país, vía foros internacionales, como un Estado fallido.

Y curiosamente fue eso lo que con sencillez recordó y apuntó Delcy Rodríquez en el foro Mercosur. La pelea es contra el capital y sus representantes, llámense como se llamen. Incluso dentro de nuestras propias filas, y más allá –lejos, en los laberintos de la Historia– de cualquier coyuntura electoral o aglutinamiento en torno a cargos de elección alguno. La pelea es la misma de siempre y vienen con todo. Pero si respondemos con claridad, sin dudas existenciales, y apuntando al rostro del enemigo de los pueblos, esta vez el final del cuento puede ser otro.

MV

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